Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Esta verdadera historia que aquà se representa es sacada al pie de la letra de las crónicas francesas y de los romances españoles que andan en boca de las gentes. Trata de la libertad que dio don Gaiferos a su esposa Melisendra, que estaba cautiva de los moros en la ciudad de Sansueña, que asà se llamaba entonces la que hoy se llama Zaragoza… Vuelvan los ojos vuestras mercedes a aquella torre, que se presupone que es la AljaferÃa de Zaragoza. Y aquella dama que en el balcón aparece, vestida a lo moro, es la sin par Melisendra, que allà se pone a mirar el camino de Francia… ¿No ven ahora aquel moro que callandico se llega por las espaldas de Melisendra? Pues miren cómo le da un beso en mitad de los labios, y la prisa que ella se da en escupir, y cómo se lamenta. Miren también al rey Marsilio de Sansueña, el cual, por haber visto la insolencia del moro, manda que le den doscientos azotes. Y aquà veis donde salen a ejecutar la sentencia, porque entre moros no hay trámites de justicia, como entre nosotros.
—Niño, niño —dijo con voz alta don Quijote—, seguid vuestra historia en lÃnea recta, y no os metáis en las divagaciones, que para sacar una verdad en limpio menester son pruebas y repruebas.
—Muchacho —dijo maese Pedro desde dentro—, haz lo que este señor te mande. Sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos.