La gaviota
La gaviota SORIN.—(Se sienta en su sillón.) Hoy está guapita.
ARKÁDINA.—Elegante, interesante… Por esto es usted inteligente. (Besa a Nina.) Pero no hay que cantar muchas alabanzas, que nos traería maleficio. ¿Dónde está Boris Alexéievich?
NINA.—Está en la caseta de baño, pescando con caña…
ARKÁDINA.—¡Cómo no se hartará! (Se dispone a continuar la lectura.)
NINA.—¿Qué está usted leyendo?
ARKÁDINA.—Es Maupassant, querida: Sobre el agua. (Lee algunas líneas para sí.) Bah, lo que sigue no es interesante ni verdadero. (Cierra el libro.) Estoy intranquila. Dígame, ¿qué tiene mi hijo? ¿Por qué está tan mohíno y serio? Se pasa días enteros en el lago y yo casi no le veo.
MASHA.—Tiene el alma dolorida. (A Nina, tímidamente.) Recitemos algún fragmento de su obra, se lo ruego.
NINA.—(Encogiéndose de hombros.) ¿Lo desea usted? ¿Tan interesante es?
MASHA.—(Conteniendo el entusiasmo.) Cuando él mismo recita alguna cosa, los ojos se le encienden y la cara se le vuelve pálida. Tiene una voz magnífica, triste, las maneras, como las de un poeta.
(Se oye roncar a Sorin.)