La gaviota
La gaviota SHAMRÁIEV.—(Entra.) Con profunda pena, tengo el honor de comunicarles que el coche está preparado. Es hora ya, muy respetable señora de dirigirse a la estación; el tren llega a las dos y cinco. Así pues, Irina Nikoláievna, hágame esa merced, no se olvide de preguntar dónde se encuentra ahora el actor Súzdaltsev, si vive, si goza de buena salud. En otro tiempo, bebimos juntos, en más de una ocasión… En El asalto del correo era inimitable… Recuerdo que entonces, en Elisavetgrado, actuaba con él el trágico Izmáilov, también una gran personalidad… No tenga prisa, mi muy respetable señora, aún puede esperar cinco minutos. Una vez, en un melodrama, hacían de conspiradores, y cuando, de pronto, les echaron el guante, había que decir: «Hemos caído en la trampa» pero Izmáilov dijo: «Hemos caído en la tampra»… (Ríe a carcajadas.) ¡Tampra!…
(Mientras él habla, Yákov se ocupa de las maletas; una doncella trae a Arkádina el sombrero, el guardapolvo de viaje, la sombrilla y los guantes; todos ayudan a Arkádina a prepararse. Por la puerta de la izquierda se asoma el Cocinero, quien unos instantes después avanza indeciso. Entra Polina Andréievna, luego entran Sorin y Medvedenko.)
POLINA ANDRÉIEVNA.—(Con una cestita.) Aquí tiene usted ciruelas para el viaje… Son muy dulces. Quizá le apetezca golosinear un poco…