La isla de Sajalin
La isla de Sajalin El artículo 307 del Reglamento de la deportación estipula que a las personas que se establecen fuera del presidio se les debe suministrar madera. Ese artículo se interpreta de la siguiente manera: el colono debe talar los árboles y serrarlos por sí mismo. Antes los colonos recibían la ayuda de los presos y se les entregaba dinero para que contrataran carpinteros y adquirieran material, pero esa medida se abandonó porque, según me explicó un funcionario, solo condujo a la aparición de holgazanes: mientras los presos trabajaban, los colonos jugaban a cara o cruz. En la actualidad, los colonos combinan sus esfuerzos, se ayudan unos a otros. El carpintero levanta el armazón, el estufista monta la estufa, los aserradores preparan las tablas. Quien carece de fuerzas y habilidad para trabajar, pero dispone de algún dinero, puede contratar los servicios de sus compañeros. Las personas fuertes y vigorosas se ocupan de los trabajos más duros; los débiles y los que en la cárcel se han deshabituado a los trabajos del campo, cuando no están jugando a cara o cruz, a los naipes o protegiéndose del frío, se ocupan de alguna tarea relativamente ligera. Muchos desfallecen, se desaniman y abandonan sus casas sin terminar. Los chinos y los caucasianos, que no saben construir isbas rusas, suelen escapar durante el primer año. Casi la mitad de los colonos de Sajalín carece de casa, lo que en mi opinión se explica por las dificultades a las que el colono se enfrenta en el momento de establecerse. Según los datos del informe del inspector de agricultura, en el distrito de Timovo, en 1889, el número de colonos sin casa ascendía al 50 % del total, y en el distrito de Kórsakov, al 42 %; en el de Aleksándrovsk, donde las dificultades son menores y es más frecuente que los colonos compren casas en lugar de construirlas, esa cifra solo llegaba al 20 %. Cuando el armazón de madera ya está levantado, el propietario recibe, a título de préstamo, cristales y hierro. Esto es lo que comenta de esos préstamos el comandante de la isla en una de sus ordenanzas: «Con gran pesar hay que reconocer que esos préstamos, como tantas otras cosas, tardan mucho tiempo en llegar y quitan a la gente el deseo de construirse un hogar… El pasado otoño, cuando inspeccioné las colonias del distrito de Kórsakov, vi casas en espera de cristales, clavos y pestillos de estufa; acabo de verlas en el mismo estado» (Ordenanza N.º 318, 1889)[97].