La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Ese mismo día asistí a una cena solemne en la residencia del comandante de la isla. Allí conocí a casi todo el cuerpo de funcionarios de Sajalín. Hubo música y se pronunciaron discursos. En respuesta al brindis a su salud, A. N. Korff dirigió a los presentes unas breves palabras, algunas de las cuales se han conservado en mi memoria: «Estoy convencido de que en Sajalín los “desdichados” viven mejor que en cualquier otro lugar de Rusia e incluso de Europa. En cualquier caso, todavía les queda mucho por hacer, pues el camino del bien es infinito». Había visitado Sajalín cinco años antes y ahora encontraba progresos significativos, que sobrepasaban con creces sus expectativas. Sus elogios pasaban por alto realidades tales como el hambre, la prostitución generalizada de las mujeres o los brutales castigos corporales, pero los oyentes estaban dispuestos a creerle: comparado con lo que sucedía cinco años antes, el presente debía de parecer el inicio de una edad dorada.