El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Se trata de asesinato, Watson; de asesinato refinado, a sangre frÃa, lleno de premeditación. No me pida detalles. Mis redes se están cerrando en torno suyo como las de Stapleton tienen casi apresado a Sir Henry, pero con la ayuda que usted me ha prestado, Watson, lo tengo casi a mi merced. Tan sólo nos amenaza un peligro: la posibilidad de que golpee antes de que estemos preparados. Un dÃa más, dos como mucho, y el caso estará resuelto, pero hasta entonces ha de proteger usted al hombre que tiene a su cargo con la misma dedicación con que una madre amante cuida de su hijito enfermo. Su expedición de hoy ha quedado plenamente justificada y, sin embargo, casi desearÃa que no hubiera dejado solo a Sir Henry. ¡Escuche!
Un alarido terrible, un grito prolongado de horror y de angustia habÃa brotado del silencio del páramo.
Aquel sonido espantoso me heló la sangre en las venas.
—¡Dios mÃo! —dije con voz entrecortada—. ¿Qué ha sido eso? ¿Qué es lo que significa?
Holmes se habÃa puesto en pie de un salto y su silueta atlética se recortó en la puerta del refugio, los hombros inclinados, la cabeza adelantada, escudriñando la oscuridad.
—¡Silencio! —susurró—. ¡Silencio!