El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Plantea usted la cuestión, señor Holmes, con una ligereza a la que probablemente renunciarÃa si entrara en contacto personal con estas cosas. Su punto de vista, por lo que se me alcanza, es que el joven Baskerville correrá en Devonshire los mismos peligros que en Londres. Llega dentro de cincuenta minutos. ¿Qué recomendarÃa usted?

—Lo que yo le recomiendo, señor mÃo, es que tome un coche, llame a su spaniel, que está arañando la puerta principal y siga su camino hasta Waterloo para reunirse con Sir Henry Baskerville.
—¿Y después?
—Después no le dirá nada hasta que yo tome una decisión sobre este asunto.
—¿Cuánto tiempo necesitará?
—Veinticuatro horas. Le agradeceré mucho, doctor Mortimer, que mañana a las diez en punto de la mañana venga a visitarme; también será muy útil para mis planes futuros que traiga consigo a Sir Henry Baskerville.
—Asà lo haré, señor Holmes.
Garrapateó los detalles de la cita en el puño de la camisa y, con su manera distraÃda y un tanto peculiar de persona corta de vista, se apresuró a abandonar la habitación. Holmes, que recordó algo de pronto, logró detenerlo en el descansillo.