El signo de los cuatro
El signo de los cuatro HabÃamos atravesado Streatham, Brixton y Camberwell, y ahora nos encontrábamos en Kennington Lane, después de habernos desviado por las callejuelas laterales al este del Oval. ParecÃa que los hombres que perseguÃamos habÃan seguido una curiosa ruta en zigzag, probablemente con objeto de no llamar la atención. Al final de Kennington Lane habÃan torcido a la izquierda por Bond Street y Miles Street. Esta última calle desemboca en Knight's Place, y allà Toby dejó de avanzar y empezó a correr de un lado a otro, con una oreja levantada y la otra caÃda, convertido en la perfecta imagen de la indecisión canina. Luego se puso a andar en cÃrculos, mirándonos de vez en cuando como si solicitara nuestra simpatÃa en aquel momento de desconcierto.
––¿Qué demonios le pasa al perro? ––gruñó Holmes––. Seguro que no tomaron un coche ni se fueron volando en globo.
––Puede que se detuvieran aquà un rato ––sugerÃ.
––¡Ah! Todo va bien. Ahà va de nuevo ––dijo mi compañero, en tono de alivio.