El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––¡Ajá! ¿No será una vieja lancha verde, con una raya amarilla, muy ancha de manga?
––Nada de eso. Es la lancha más bonita y marinera de todo el rÃo. Y está recién pintada de negro con dos rayas rojas.
––Gracias. Espero que pronto tenga noticias del señor Smith. Yo voy rÃo abajo, y si le echo el ojo al Aurora, le haré saber que está usted preocupada. ¿Ha dicho que la chimenea es negra?
––No, señor: negra con una franja blanca.
––Ah, sÃ, claro. Eran los costados los que eran negros. Buenos dÃas, señora Smith. Mire, Watson, allà hay un barquero con una chalana. La tomaremos para cruzar el rÃo.
Mientras nos sentábamos en el banco de la chalana, Holmes me explicó:
––Con esta clase de gente, lo más importante es no darles nunca a entender que la información que te dan tiene la menor importancia para ti. Si piensan que te interesa, se cierran al instante como una ostra. En cambio, si haces como que los escuchas porque no te queda otro remedio, lo más probable es que te digan todo lo que quieres saber.
––Ahora, nuestra lÃnea de acción parece bastante clara.
––¿Ah, sÃ? ¿Qué es lo que harÃa usted?