El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Lo tiene todo muy bien planeado, tanto si son los hombres que buscamos como si no ––dijo Jones––. Pero si el asunto estuviera en mis manos, habrÃa situado un destacamento de policÃa en el astillero de Jacobson, para detenerlos en cuanto aparecieran.
––Es decir, nunca. Este Small es un individuo bastante listo. Lo más probable es que envÃe un explorador por delante, y si algo le hace recelar, seguirá escondido una semana más.
––PodrÃa usted haberse pegado a Mordecai Smith, y éste le habrÃa conducido al escondite ––dije yo.
––Hacer eso habrÃa sido perder el tiempo. Creo que hay una posibilidad entre cien de que Smith sepa dónde viven. Mientras tenga licor y le paguen bien, ¿para qué va a hacer preguntas? Ellos le envÃan mensajes diciéndole lo que tiene que hacer. No; he considerado todas las lÃneas de acción posibles y ésta es la mejor.
Mientras mantenÃamos esta conversación, habÃamos ido pasando bajo la larga serie de puentes que cruzan el Támesis.
Cuando pasábamos ante la City, los últimos rayos de sol daban un brillo dorado a la cruz que remata la catedral de San Pablo. Al llegar a la Torre ya estaba anocheciendo.