El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Ése es el astillero de Jacobson ––dijo Holmes, señalando un bosquecillo de mástiles y aparejos en la orilla de Surrey––. Nos moveremos despacio, arriba y abajo, al abrigo de esta hilera de barcazas.
Sacó del bolsillo un par de gemelos y observó la orilla durante un buen rato.
––Veo a mi centinela en su puesto ––comentó––, pero no hay señales del pañuelo.
––¿Y si avanzamos un poco corriente abajo y los aguardamos? ––dijo Jones, ansioso.
Todos nos sentÃamos ansiosos a esas alturas, incluso los policÃas y los fogoneros, que tenÃan una idea muy vaga de lo que estaba ocurriendo.
––No estamos en condiciones de dar nada por supuesto ––respondió Holmes––. Desde luego, hay diez posibilidades contra una de que vayan rÃo abajo, pero no podemos estar seguros. Desde aquà podemos ver la entrada del astillero, y es difÃcil que ellos nos vean. La noche va a ser clara, con bastante luz. Tenemos que quedarnos donde estamos. Miren qué hormigueo de gente hay allà enfrente, a la luz de las farolas.
––Son los obreros del astillero, que salen del trabajo.