El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Tienen una pinta de rufianes lamentable, pero supongo que todos poseen una pequeña chispa inmortal oculta en su interior. Nadie lo dirÃa al verlos. A priori, no parece probable. ¡Qué extraño enigma es el hombre!
––Hay quien lo ha descrito como un alma escondida dentro de un animal –– comenté yo.
––Winwood Reade ha dicho cosas muy interesantes sobre el tema ––dijo Holmes––. Asegura que, si bien el individuo es un rompecabezas insoluble, cuando forma parte de una multitud se convierte en una certeza matemática.
Por ejemplo, nunca se puede predecir lo que hará un hombre cualquiera, pero se puede decir con exactitud lo que hará la población por término medio. Los individuos varÃan, pero los porcentajes se mantienen constantes. Eso dicen los expertos en estadÃstica. Pero… ¿es aquello un pañuelo? SÃ, se ve algo blanco ondear por allÃ.
––¡SÃ, es su muchacho! ––exclamé––. Lo veo perfectamente.
––¡Y ahà está el Aurora! ––exclamó Holmes––. Y corre como un diablo. ¡A toda máquina, maquinista! Siga a aquella lancha del farol amarillo. Por Dios que no me perdonaré nunca si resulta que nos deja atrás.