El signo de los cuatro
El signo de los cuatro La lancha se habÃa deslizado sin que la viéramos por la entrada del astillero y habÃa pasado por detrás de dos o tres embarcaciones pequeñas, de manera que ya casi habÃa alcanzado su máxima velocidad cuando la vimos. Ahora volaba corriente abajo, muy cerca de la orilla, a una velocidad tremenda. Jones la miró con gesto serio y meneó la cabeza.
––Es muy rápida ––dijo––. No sé si la alcanzaremos.
––¡Tenemos que alcanzarla! ––gritó Holmes, apretando los dientes––. ¡Llenadla a tope, fogoneros! Que dé todo lo que pueda dar de sÃ. ¡Hay que cogerlos aunque quememos la lancha.