El signo de los cuatro
El signo de los cuatro TenÃa gracia la manera en que aquel engreÃdo de Jones empezaba ya a darse aires de importancia por la captura. Por la leve sonrisa que asomó al rostro de Sherlock Holmes, comprendà que no le habÃan pasado inadvertidas aquellas palabras.
––Estamos a punto de llegar al puente de Vauxhall ––dijo Jones––. Allà desembarcaremos al doctor Watson con la caja del tesoro. No hace falta que le diga que asumo una gran responsabilidad al hacer esto. Es algo muy irregular, pero un trato es un trato. No obstante, dado el valor del cargamento, tengo el deber de hacer que le acompañe un inspector. Irá en coche, ¿verdad?
––SÃ, en coche.
––Es una pena que no tengamos la llave para hacer antes un inventario. Tendrán ustedes que forzar el cierre. ¿Dónde está la llave, señor mÃo?
––En el fondo del rÃo ––respondió Small escuetamente.
––¡Hum! No sé por qué tenÃa que causarnos esta dificultad innecesaria. Bastantes problemas nos ha ocasionado ya. En fin, doctor, no hace falta que le advierta que tenga cuidado. Lleve después la caja al apartamento de Baker Street. Allà nos encontrará, camino de la comisarÃa.