El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Parece una reunión familiar ––comentó––. Creo que voy a echar un trago de ese frasco, Holmes. Bueno, me parece que podemos felicitarnos. Es una pena que no cogiéramos vivo al otro, pero no habÃa elección. La verdad, Holmes, hay que reconocer que la cosa ha salido bien por los pelos. Un poco más y se nos escapan.
––Bien está lo que bien acaba ––dijo Holmes––. Pero lo cierto es que no sospechaba que el Aurora fuera tan rápido.
––Smith asegura que es una de las lanchas más rápidas del rÃo, y que si hubiera tenido a alguien que le ayudara con las máquinas, jamás la habrÃamos alcanzado. También jura que no sabÃa nada del asunto de Norwood.
––Y dice la verdad ––exclamó nuestro prisionero––. No sabÃa ni una palabra. Elegà su lancha porque habÃa oÃdo decir que volaba. No le dijimos nada, pero le pagamos bien, y habrÃa recibido una espléndida gratificación si hubiéramos llegado a nuestro barco, el Esmeralda, que zarpa de Gravesend con rumbo a Brasil.
––Bueno, si no ha hecho nada malo, ya nos ocuparemos de que nada malo le ocurra. Nos damos bastante prisa en atrapar a nuestros hombres, pero no tanta en condenarlos.