El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––¡Y cuánto pesa! ––exclamó, intentando levantarla––. La caja sola ya debe valer algo. ¿Y la llave?
––Small la tiró al Támesis ––respondÖ–. Tendré que usar este atizador de la señora Forrester.
En la parte delantera de la caja habÃa un pasador ancho y grueso con la forma de un Buda sentado. Metà el extremo del atizador por debajo e hice palanca hacia fuera. El pasador saltó con un fuerte chasquido. Levanté la tapa con dedos temblorosos y los dos nos quedamos mirando atónitos. ¡La caja estaba vacÃa!
No era de extrañar que pesara tanto. Las planchas de hierro medÃan más de centÃmetro y medio de espesor. Era un cofre sólido, bien construido y resistente, como si lo hubieran fabricado expresamente para transportar objetos de gran valor, pero en su interior no habÃa ni rastro de joyas o metales preciosos. Estaba completa y absolutamente vacÃo.
––El tesoro ha desaparecido ––dijo la señorita Morstan tranquilamente.