El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––En pocas palabras ––continuó––, los hechos son los siguientes: mi padre era oficial en un regimiento de la India, y me envió a Inglaterra cuando yo era niña. Mi madre habÃa fallecido y yo no tenÃa ningún pariente aquÃ, pero me ingresaron en un cómodo internado de Edimburgo, donde permanecà hasta que cumplà diecisiete años. En 1878, mi padre, que era el capitán más antiguo de su regimiento, consiguió un permiso de doce meses y volvió a Inglaterra. Me puso un telegrama desde Londres, diciendo que habÃa llegado sin contratiempos y pidiéndome que fuera a verlo cuanto antes, dando como dirección el hotel Langham. Su mensaje, tal como yo lo recuerdo, rebosaba amor y cariño. En cuanto llegué a Londres me dirigà al Langham, y allà me dijeron que el capitán Morstan se alojaba allÃ, pero que habÃa salido la noche anterior y no habÃa regresado.
Esperé todo el dÃa sin tener noticias suyas.
Aquella noche, por consejo del director del hotel, me puse en contacto con la policÃa, y al dÃa siguiente pusimos anuncios en todos los periódicos. Nuestras investigaciones no dieron ningún resultado. Y desde entonces hasta hoy no hemos vuelto a saber nada de mi pobre padre. Llegó a su paÃs con el corazón lleno de esperanza, buscando paz y reposo, y en lugar de eso… Se llevó la mano a la garganta y un sollozo ahogado interrumpió sus palabras.