El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Se recostó en el asiento del coche y comprendí, por su ceño fruncido y su mirada ausente, que estaba pensando intensamente. La señorita Morstan y yo charlamos en voz baja acerca de nuestra expedición y su posible resultado, pero nuestro compañero mantuvo su impenetrable reserva hasta el final del trayecto.