El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Sin embargo, aquella tarde, tal vez a causa del beaune que habÃa bebido en la comida, o tal vez por la irritación adicional que me produjo lo descarado de su conducta, sentà de pronto que ya no podÃa aguantar más.
––¿Qué ha sido hoy? ––pregunté––. ¿Morfina o cocaÃna?. Holmes levantó con languidez la mirada del viejo volumen de caracteres góticos que acababa de abrir.
––CocaÃna ––dijo––, disuelta al siete por ciento. ¿Le apetece probarla?
––Desde luego que no ––respondà con brusquedad––. Mi organismo aún no se ha recuperado de la campaña de Afganistán y no puedo permitirme someterlo a más presiones.
Mi vehemencia le hizo sonreÃr.
––Tal vez tenga razón, Watson ––dijo––. Supongo que su efecto fÃsico es malo. Sin embargo, la encuentro tan trascendentalmente estimulante y esclarecedora para la mente que ese efecto secundario tiene poca importancia.
