El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ParecÃa estar equipada como un laboratorio quÃmico. En la pared más alejada de la puerta se alineaba una doble hilera de frascos con tapón de cristal, y en la mesa habÃa un revoltijo de mecheros Bunsen, tubos de ensayo y retortas. En los rincones habÃa garrafas de ácido en cestos de mimbre. Una de ellas tenÃa un agujero o estaba rota, porque habÃa dejado escapar un reguero de lÃquido oscuro y el aire estaba cargado de un olor picante, como de alquitrán. A un lado de la habitación habÃa una escalera de mano, en medio de un montón de tablas rotas y trozos de escayola, y encima de ella se veÃa un agujero en el techo, lo bastante grande para que pasara por él un hombre. Al pie de la escalera habÃa un largo rollo de cuerda, tirado de cualquier manera.