El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Holmes ––dije en un susurro––, ha sido un niño el que ha hecho este horrible trabajo.
El habÃa recuperado en un instante el control de sà mismo.
––Por un momento, me ha desconcertado ––dijo––, pero es algo muy natural. Lo que pasa es que me falló la memoria; de lo contrario, me lo habrÃa imaginado de antemano. De aquà no sacaremos nada más. Vamos abajo.
––¿Y cuál es su teorÃa acerca de esas huellas? ––pregunté.
––Querido Watson, intente analizarlo usted mismo ––dijo con un tonillo de impaciencia––. Conoce mis métodos. AplÃquelos y será muy instructivo comparar los resultados.
––No se me ocurre nada que abarque los hechos ––respondÃ.
––Pronto lo verá todo claro ––dijo con aire despreocupado––. No creo que aquà quede ninguna otra cosa de interés, pero echaré una mirada.