El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––¿SÃ, señor? ––respondieron desde el pasillo.
––DÃgale al señor Sholto que venga para acá.
-Señor Sholto, es mi deber informarle de que cualquier cosa que diga podrá utilizarse en contra suya. Queda usted detenido en nombre de la reina, por participación en la muerte de su hermano.
––¡Ya está! ¿No se lo dije? ––exclamó el pobre hombre, extendiendo las manos y mirándonos a Holmes y a mÃ.
––No se preocupe, señor Sholto ––dijo Holmes––. Creo que puedo comprometerme a librarle de esta acusación.
––No prometa demasiado, señor teórico, no prometa demasiado ––cortó el policÃa––. PodrÃa resultarle más difÃcil de lo que cree.