El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Pero la causa sigue estando tan oscura como antes. Vamos a ese emparrado de ahí y discutiremos juntos el asunto. Aún me parece sentir en la garganta ese maldito mejunje. Creo que tenemos que admitir que todos los indicios señalan a este tal Mortimer Tregennis como el autor del primer crimen, aunque ha resultado ser la víctima del segundo. Hay que recordar, en primer lugar, que existen evidencias de una disputa familiar, seguida de una reconciliación. No sabemos lo grave que fue la disputa ni lo falsa que pudo ser la reconciliación. Cuando pienso en ese Mortimer Tregennis, con su cara de zorro y sus ojillos astutos brillando detrás de las gafas, no me parece precisamente el tipo de hombre al que yo atribuiría una especial disposición a perdonar. Fíjese, por otra parte, en que fue él quien mencionó aquella historia de algo que se movía en el jardín que distrajo por un momento nuestra atención de la verdadera causa de la tragedia. Tenía sus razones para desorientarnos. Por último, si no fue él quien arrojó esta sustancia al fuego en el momento de marcharse, ¿quién lo hizo? Todo ocurrió inmediatamente después de marcharse él. Si hubiera entrado alguien más, no cabe duda de que la familia se habría levantado de sus asientos. Además, en la apacible Cornualles no se hacen visitas después de las diez de la noche. Así pues, tenemos que reconocer que todos los indicios señalan a Mortimer Tregennis como culpable.