El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¡Un momento! —dijo Gregson en tono ansioso—. Para ser sincero, señor Holmes, jamás ha habido un caso en el que no me haya sentido más fuerte teniéndole a usted a mi lado. Este edificio no tiene más que una salida, asà que le tenemos cogido.
—¿A quién?
—Vaya, vaya, por una vez le llevamos ventaja, señor Holmes. Tiene que concedernos este punto —y mientras decÃa esto, dio un golpe seco en el suelo con el bastón, y un cochero, con el látigo en la mano, saltó de un carruaje estacionado al otro lado de la calle—. PermÃtame que le presente al señor Sherlock Holmes —le dijo Gregson al cochero—. Y éste es el señor Leverton, de la agencia norteamericana Pinkerton.
—¿El héroe del misterio de la cueva de Long Island? —dijo Holmes—. Señor, es un placer conocerlo.
El norteamericano, un joven tranquilo, serio, bien afeitado y de facciones marcadas, se sonrojó al oÃr aquellas palabras de elogio.
—Estoy siguiendo la pista de mi vida, señor Holmes —dijo—. Si logro atrapar a Gorgiano…
—¿Cómo? ¿Gorgiano, el del CÃrculo Rojo?