El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¿Cómo han podido descubrir a Steiner? —murmuró—. Éste es el peor golpe que hemos sufrido.
—Pues a punto hemos estado de recibir uno aún peor, porque creo que no me andan muy lejos.
—¡No puede ser!
—Lo que yo le diga. Estuvieron haciéndole preguntas a mi casera, allá en Fratton, asà que, cuando me enteré, me dije que ya iba siendo hora de ahuecar el ala. Pero lo que me gustarÃa saber, señor mÃo, es cómo llega la bofia a enterarse de estas cosas. Steiner es el quinto hombre que pierde desde que yo fiché por usted, y si no me muevo deprisa, ya sé quién va a ser el sexto. ¿Cómo se lo explica? ¿Y no le da vergüenza ver cómo van cayendo sus hombres?
Von Bork se puso encarnado.
—¿Cómo se atreve a hablarme de ese modo?
—Mire usted: si yo no fuera atrevido, no estarÃa trabajando para usted. Pero le voy a decir sin rodeos lo que me ronda por la cabeza. He oÃdo decir que ustedes, los polÃticos alemanes, cuando un agente ha cumplido ya su tarea, no tienen reparos en quitárselo de encima.
Von Bork se puso en pie de un salto.
—¿Se atreve a insinuar que yo mismo he delatado a mis propios agentes?