El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —No, señor. Estoy seguro de que lo hace con buena intención. Pero cada uno tiene sus sistemas, señor Holmes. Usted tiene los suyos y puede que yo tenga los mÃos.
—No se hable más del asunto.
—No tengo ningún inconveniente en comunicarle mis novedades. Este fulano es un auténtico salvaje, tan fuerte como un caballo percherón y feroz como un demonio. Casi le arranca el pulgar a Downing de un mordisco antes de que pudiéramos dominarlo. Apenas habla inglés, y no hemos podido sacarle nada más que gruñidos.
—¿Y cree usted poder demostrar que él asesinó a su difunto señor?
—Yo no he dicho eso, señor Holmes, yo no he dicho eso. Todos tenemos nuestros pequeños trucos. Use usted los suyos y yo usaré los mÃos. Ése era el trato.
Holmes se encogió de hombros mientras nos alejábamos.
—No entiendo a este hombre. A mà me parece que se va a pegar un buen batacazo. Pero, como él dice, que cada uno lo intente a su manera, y ya veremos lo que sale. Pero hay algo en el inspector Baynes que no acabo de entender.
Cuando estuvimos de regreso en nuestra habitación del Toro, Sherlock Holmes se decidió: