El Valle del terror
El Valle del terror —Hermosa mujer, hermosÃsima mujer —dijo McDonald, pensativo, después que se hubo cerrado la puerta a espalda de ella—. No cabe duda de que este individuo, Barker, ha frecuentado mucho esta casa. Es un hombre que pudiera ejercer atracción para con una mujer. Reconoce que el muerto era hombre celoso, y quizá conocÃa él mejor en qué motivos se fundaban sus celos. Tenemos luego el detalle ése del anillo de boda. No es posible pasarlo por alto. El hombre que arranca un anillo de boda a un muerto… ¿Qué me dice usted de eso, Holmes?
Mi amigo habÃa permanecido sentado con la cabeza apoyada en las manos, sumido en las más profundas meditaciones. Al llegar a este punto se levantó y tocó la campanilla.
—Ames —dijo cuando entró el despensero—, ¿dónde se encuentra mÃster Cecil Barker en este momento?
—Voy a verlo, señor.
Regresó pocos momentos después para decimos que Barker se encontraba en el jardÃn.
—DÃgame, Arnés: ¿recuerda usted cómo iba calzado mÃster Barker anoche, cuando usted entró con él en el despacho?
—SÃ, mÃster Holmes. Iba calzado con zapatillas de dormitorio. Cuando salió para dar aviso a la PolicÃa, yo le traje sus botas.
—¿Dónde están ahora esas zapatillas?