El Valle del terror
El Valle del terror —¿No tuvo algún rival?
—No; yo era completamente libre.
—Sabrá usted ya, sin duda alguna, que le han quitado el anillo de boda. ¿No. le hace pensar esto en nada? Demos por supuesto que algún enemigo que tuvo en tiempos anteriores le siguió la pista hasta aquà y cometió el crimen. ¿Qué razón pudo tener para quitarle el anillo de boda?
Yo habrÃa jurado que en los labios de aquella mujer y durante un instante aleteó la sombra de una sonrisa.
—No se me ocurre —contestó—. Desde luego, es la cosa más extraordinaria.
—Bien; no queremos detenerla más tiempo y lamentamos haberle causado esta molestia en tales momentos —dijo el inspector—. TodavÃa quedan otros puntos, pero podremos Ãrselos consultando a medida que se presenten.
La señora se puso en pie, y de nuevo experimenté la sensación de que nos miraba, como acababa de hacerlo antes, con mirada vivaz e interrogadora, que parecÃa querer decir: «¿Qué impresión les han producido a ustedes mis declaraciones?». No lo dijo con palabras, pero era igual. Acto continuo y después de saludamos con una inclinación, salió del cuarto.