El Valle del terror
El Valle del terror —Se lo pregunté; pero entonces se ponÃa muy serio y movÃa negativamente la cabeza, contestando: «Ya es bastante que uno de nosotros dos haya vivido a su sombra. Quiera Dios que ésta no caiga nunca sobre ti». Con seguridad que se trataba de un valle real y verdadero en el que él habÃa vivido y en el que le habÃa ocurrido algo espantoso (de eso estoy segura), pero de nada más estoy enterada.
—¿Y nunca le oyó usted pronunciar algunos nombres?
—SÃ; hará tres años sufrió un accidente de caza y estuvo delirando de fiebre. Y recuerdo que en esa ocasión no se le caÃa de la boca un nombre. Lo pronunciaba con ira y con una especie de terror: McGinty; ése era el nombre. McGinty, el gran maestro. Cuando sanó, yo le pregunté quién era McGinty, el gran maestro, y a quién enseñaba. Se echó a reÃr y nada me dijo. Pero existe, sin duda, una relación entre McGinty, el gran maestro, y el valle del Terror.
—Otro punto más —dijo el inspector McDonald—. Usted y mÃster Douglas se conocieron en una casa de pensión de Londres, y allà se comprometieron a casarse. ¿Hubo en su noviazgo algún detalle novelesco, algo que se llevase con secreto y con misterio?
—Algo de novelesco sà que tuvo nuestro noviazgo. En todos los noviazgos lo hay. Pero nada se llevó con misterio.