El Valle del terror
El Valle del terror —Están aún en el vestÃbulo, debajo de la silla.
—Muy bien, Ames. Ya comprenderá usted que tiene mucha importancia para nosotros poder distinguir cuáles son las huellas que dejó mÃster Barker y cuáles son las del hombre que vino de fuera.
—Lo comprendo señor. Puedo decirle que yo me he fijado en que las zapatillas estaban manchadas de sangre, como también lo estaban las mÃas.
—Es bastante natural, si se tiene en cuenta el estado en que se encontraba la habitación. Muy bien, Ames. Le llamaremos si lo necesitamos.
Pocos minutos después nos encontrábamos dentro del despacho. Holmes se habÃa traÃdo del vestÃbulo las zapatillas de paño. Las suelas de ambas estaban negras de sangre, según habÃa hecho notar Ames.
—¡Es extraño! —murmuró Holmes, de pie, a la luz de la ventana y examinando con gran minuciosidad las zapatillas—. ¡Es muy extraño!
De pronto, inclinándose con uno de aquellos sus movimientos rápidos y felinos, colocó la zapatilla encima de la huella de sangre que habÃa en el marco de la ventana. Una y otra se correspondÃan con toda exactitud. Holmes sonrió en silencio a sus colegas.
El inspector se sintió transfigurado por la excitación. Su pronunciación escocesa sonaba igual que un bastón en una reja.