El Valle del terror
El Valle del terror —Sin duda alguna que eso es posible —contesté yo, no sin cierta reserva.
—Debemos tener presente, Watson, que todo lo ocurrido tiene sin duda alguna caracteres muy extraordinarios. Pues bien, y continuando nuestra suposición: la pareja (que no es forzosamente una pareja culpable) se da cuenta, cuando ya el asesino se ha marchado, de que están metidos en una situación en que quizá les resulte difÃcil demostrar que no fueron ellos mismos los autores del crimen o sus cómplices. Entonces hacen frente a la misma rápidamente y con bastante torpeza. Barker marca la huella de su zapatilla en la ventana, a fin de sugerir el camino que tomó el fugitivo. Es evidente que ambos oyeron la detonación de la escopeta, y por eso dieron la señal de alarma exactamente como habrÃan tenido que darla, pero lo hicieron media hora después del suceso.
—¿Y de qué manera piensa usted demostrar eso que dice?
—Pues verá: si hubiese habido una persona ajena a la casa, habrÃa sido posible seguirle la pista y apresarla. Ésa serÃa la más eficaz de todas las pruebas. Pero aun en caso contrario, los recursos de la ciencia están muy lejos de haberse agotado. Opino que una noche de vela solitaria dentro del despacho podrÃa servirme de gran ayuda.
—¡Una noche de velar a solas!