El Valle del terror
El Valle del terror —¡Estupendo! —dijo Holmes—. Pues entonces yo les recomiendo a los dos un paseo agradable y alegre por el campo. Tengo entendido que el panorama que se distingue desde Birlstone Ridge sobre el Weald es maravilloso. No dudo que encontrarán algún mesón conveniente donde almorzar, aunque mi ignorancia de la región me impide recomendarles ninguno. Al atardecer, cansados, pero felices…
—¡Holmes, esto pasa ya de una broma! —exclamó McDonald, levantándose irritado de su asiento.
—Bueno, bueno, pasen ustedes el dÃa como mejor les parezca —dijo Holmes, dándoles palmaditas cariñosas en el hombro—. Hagan lo que quieran y vayan a donde se les antoje, pero no dejen de venir a verme sin falta antes del anochecido; sin falta, Mac.
—Eso ya suena a cosa más razonable.
—Todo cuanto les dije era un consejo excelente, pero no insisto, con tal que ustedes se encuentren aquà cuando los necesite. Y ahora, antes que nos separemos, quiero que usted escriba una carta a Barker.
—Bien.
—Si a usted le parece, se la dictaré yo. ¿Listo? «Querido señor: Me ha parecido que estamos en la obligación de desecar el foso, con la esperanza de que quizá encontremos…».
—Imposible —dijo el inspector—. He realizado esa investigación.