El Valle del terror
El Valle del terror Era un verdadero espectáculo el que ofrecÃa el rostro expresivo de Cecil Barker durante esta explicación del gran detective. Por ese rostro iban pasando sucesivamente la ira, el asombro, la consternación y la vacilación. Por último, Barker buscó refugio en una ironÃa algo agria.
—MÃster Holmes, es tanto lo que usted sabe, que quizá serÃa preferible que nos contase algunas cosas más —dijo en tono de mofa.
—Sin duda alguna, Barker, que yo podrÃa decirle muchas cosas más, pero tendrÃan más agrado viniendo de usted.
—Eso cree usted, ¿verdad? Pues bien: todo lo que yo puedo decir es que, si existe aquà un secreto, ese secreto no me pertenece a mÃ, y que yo no soy hombre capaz de traicionarlo.
—Bien, Barker; puesto que usted adopta esa lÃnea de conducta, tendremos que mantenerlo vigilado hasta conseguir la orden de detención —dijo tranquilamente el inspector.
—Puede usted obrar como su condenado capricho le dicte —contestó Barker en tono de desafÃo.