El Valle del terror
El Valle del terror —Eso mismo estaba yo pensando —dijo el otro—. SÃ, volveremos a encontramos.
—No me asustan ustedes; no vayan a creer tal cosa —exclamó McMurdo—. Me llamo Jack MacMurdo…, ¿lo oyen? Si me necesitan, me encontrarán en la pensión de Jacob Shafter, Sheridan Street, Vermissa. Ya ven que no me oculto de ustedes. Yo soy de los que se atreven a mirar frente a frente a los de su calaña, lo mismo de dÃa que de noche. No se hagan ilusiones a este respecto.
La conducta impertérrita del recién llegado despertó un murmullo de simpatÃa y de admiración entre los mineros, en tanto que los dos guardias se encogÃan de hombros y reanudaban entre ellos su conversación. Algunos minutos después penetraba el tren en la mal alumbrada estación, y la mayorÃa de los viajeros se apearon, porque Vermissa era la población más importante de la lÃnea. McMurdo cogió su maleta de cuero, y ya iba a lanzarse a la oscuridad, cuando se le acercó uno de los mineros, y le dijo con mucho respeto:
—Por vida mÃa, compañero, que usted sabe cómo se habla a los polis. ¡Daba gloria escucharle! PermÃtame que le lleve la maleta y que le enseñe el camino. De paso para mi choza tengo que cruzar por delante de la casa de Shafter.