El Valle del terror
El Valle del terror —Bueno, yo nada sé de esa gente. He dicho simplemente lo que he leÃdo.
—Y yo no le aseguro que no haya dicho usted la verdad —el hombre aquel miraba nerviosamente a su alrededor mientras hablaba, queriendo penetrar en la oscuridad, como temiendo que le estuviese acechando algún peligro—. Si matar constituyese asesinato, bien sabe Dios entonces que los ha habido para dar y sobrar. Pero no se atreva usted a mencionar en relación con ellos el nombre de Jack McGinty, forastero, porque todo cuanto se cuchichea llega hasta él, y no es hombre de dejarlo pasar por alto. Y aquà tiene la casa que usted viene buscando, esa que se levanta algo retirada de la lÃnea de la calle. El viejo Jacob Shafter la gobierna como el más honrado de los hombres que viven en esta población.
—Gracias —dijo McMurdo.
Y después de dar un apretón de manos a su nuevo conocido, avanzó con la maleta en la mano por el sendero que conducÃa a la casa, y llamó con un golpe sonoro a la puerta de ésta. La abrió en el acto alguien muy diferente de la persona que él calculaba.