El Valle del terror
El Valle del terror McMurdo encontró trabajo temporero como tenedor de libros porque era hombre instruido. Esto lo retenÃa la mayor parte de la jornada fuera de casa, y no habÃa encontrado aún la oportunidad de presentarse al jefe de la logia de la Antigua Orden de los Hombres Libres. A recordarle esta omisión vino, sin embargo, una noche la visita de Mike Scanlan, el también miembro de la Orden, al que habÃa conocido en el tren. Scanlan, hombre pequeño, carilargo, nervioso, de ojos negros, pareció alegrarse de hablar nuevamente con él. Después de un par de vasos de whisky, declaró el objeto de su visita:
—Escuche, McMurdo; me acordaba de su dirección y por eso me animé a venir a visitarle. Me sorprende que no se haya presentado usted al gran maestre. ¿Qué le ocurre que no se dejó ver todavÃa del mandamás McGinty?
—TenÃa que encontrar empleo. He andado atareado.
—Es preciso que haga por encontrar tiempo para esa visita, aunque no lo encuentre para ninguna otra cosa. Pero ¡hombre de Dios!, ha sido una locura que no haya ido hasta la Casa de la Unión, inscribiéndose allà la mañana misma del dÃa siguiente al de su llegada. Si él le toma entre ojos… ¡No, es preciso que no ocurra eso…, se lo digo yo!
McMurdo se mostró ligeramente sorprendido.