El Valle del terror
El Valle del terror —El mandamás de los Camorreros.
—¡Los Camorreros! Ya he oÃdo hablar de ellos. ¡Camorreros por aquÃ, Camorreros por allá, y siempre dicho entre cuchicheos! ¿Qué es eso de lo que todos ustedes se asustan? ¿Quiénes son los Camorreros?
El dueño de la casa de pensión bajó instintivamente la voz, como lo hacÃan todos cuando hablaban de la temible sociedad.
—Los Camorreros —dijo— pertenecen a la Antigua Orden de los Hombres Libres.
El joven pegó un respingo.
—Pero ¡si yo mismo pertenezco a esa Orden!
—¡Usted! De haberlo sabido, jamás le habrÃa dado entrada en mi casa, ni aunque me pagase cien dólares por semana.
—Pero ¿qué tiene de malo la Orden? Sus fines son el ejercicio de la caridad y de la buena camaraderÃa. Asà lo dicen las reglas.
—Quizá ocurra eso en algunos lugares. ¡AquÃ, no!
—¿Y qué es aqu�
—Una sociedad de asesinos; eso es.
McMurdo se echó a reÃr con incredulidad, y preguntó:
—¿Es usted capaz de probarlo?