El Valle del terror
El Valle del terror —¡Probarlo! ¿No lo prueban cincuenta asesinatos cometidos? ¿Qué me dice usted de Milman y Van Shorst, y de la familia Nicholson, del viejo mÃster Hyan, del pequeño Billy James y de otros? ¡Probarlo! ¿Hay en este valle un solo hombre o una sola mujer que no lo sepan?
—¡Oiga! —dijo McMurdo con mucha seriedad—. O retira usted lo que ha dicho, o me lo hace bueno. No salgo de este cuarto sin que usted haya hecho una cosa u otra. Póngase en mi lugar. Soy forastero en esta población. Pertenezco a una sociedad que a mà me consta que es inofensiva. La encontrará usted establecida por toda la superficie de los Estados Unidos, y en todas partes, como una sociedad limpia. Y ahora, cuando yo me proponÃa ingresar en la que hay aquÃ, me viene con que se trata de la misma sociedad de asesinos a la que llaman los Camorreros. MÃster Shafter, creo que me debe o una disculpa o una explicación.
—Señor, yo sólo puedo decirle lo que sabe todo el mundo. Los mandamases de la una son los mandamases de la otra. Si usted ofende a la una, son los de la otra quienes lo castigan. Lo hemos comprobado con demasiada frecuencia.
—¡Ésas son puras habladurÃas! ¡Pruebas son las que yo quiero! —dijo McMurdo.