El Valle del terror
El Valle del terror —Quizá miss Ettie le haya dicho ya lo que hay entre nosotros —dijo Baldwin.
—No creà entender que hubiese ninguna relación entre ustedes.
—¿No? Pues ya puede darse ahora por enterado. Créame si le digo que esta joven es mÃa y que la noche está deliciosa para que se dé usted un paseo.
—Gracias, pero no me apetece.
—No, ¿eh? —los ojos feroces de Baldwin echaban chispas de ira—. ¿Y no le apetece una pelea, señor huésped?
—¡MuchÃsimo! —exclamó McMurdo, poniéndose de un salto en pie—. Jamás pronunció usted palabra que me sonase mejor.
—¡Por amor de Dios, Jack! ¡Oh, por amor de Dios! —gritó, fuera de sÃ, la pobre Ettie—. ¡Oh Jack, Jack, cometerá contra ti alguna barbaridad!
—Conque Jack, ¿eh? ¿Hasta ese punto hemos llegado? —dijo Baldwin, lanzando un juramento.
—¡Oh Ted, sea razonable, sea bueno! ¡Hágalo por mÃ, Ted! ¡Si alguna vez me amó, tenga buen corazón y sea generoso!