El Valle del terror
El Valle del terror —James H. Scott.
—¿Quién gobierna su distrito?
—Bartholomew Wilson.
—¡Hum! Contesta usted con facilidad a las preguntas de prueba. ¿Y qué hace usted aqu�
—Trabajar. Como usted, pero ganando menos.
—Tiene usted a mano siempre la respuesta.
—Siempre fui ágil de palabra.
—¿Lo es también de acción?
—Esa fama llevo entre quienes me conocen mejor.
—Quizá lo pongamos a prueba antes de lo que se imagina. ¿Ha oÃdo hablar de la logia desde que está aquÃ?
—Me han dicho que hace falta ser todo un hombre para ser hermano.
—No le engañaron, mÃster McMurdo. ¿Por qué abandonó Chicago?
—¡Que me ahorquen si se lo digo!
McGinty abrió los ojos. No estaba acostumbrado a que le contestasen de ese modo, y aquello le hizo gracia.
—¿Por qué no ha de decÃrmelo?
—Porque un hermano no debe mentir a otro hermano.
—¿Tan mala es la verdad como para que no pueda decirse?
—Hágase esa idea, si asà le parece.