El Valle del terror
El Valle del terror —Yo estaba ayudando al TÃo Sam a fabricar dólares. Quizá los mÃos no eran de un oro tan fino como los suyos, pero parecÃan tan bonitos como éstos y resultaban más baratos. Este Pinto me ayudaba a empujar la pacotilla…
—¿A qué?
—A poner los dólares en circulación. De pronto me dijo que él se rajaba. Y a lo mejor lo hizo. Pero yo no esperé a comprobarlo. Lo maté y salà de naja para la región carbonera.
—¿Por qué para la región carbonera?
—Porque tenÃa leÃdo en los periódicos que en dicha región no se andaban con remilgos.
McGinty se echó a reÃr.
—De modo que ha sido en primer lugar falsificador de moneda y luego asesino, y vino por aquà creyendo que lo recibirÃan con palmas, ¿verdad?
—Una cosa por el estilo —contestó McMurdo.
—Bien; me está pareciendo que llegará lejos. Oiga: ¿es capaz de seguir fabricando esos dólares?
McMurdo sacó media docena de su bolsillo, y dijo:
—Éstos no pasaron por la Casa de la Moneda de Washington.