El Valle del terror
El Valle del terror El veredicto fue acogido con gran aplauso por una concurrencia en la que McMurdo vio muchas caras familiares. Los hermanos de la logia sonreían y saludaban con la mano. Pero hubo otros que permanecieron sentados, apretando los labios y con ojos preocupados cuando aquellos hombres desfilaron fuera del banquillo de los acusados. Uno de ésos, hombre pequeño, de barba negra y ánimo resuelto, expresó con palabras lo que él y sus camaradas pensaban en el momento en que los ex-presos cruzaban por delante de él.
—¡Malvados asesinos! —dijo—. Aún hemos de poder arreglaros las cuentas.