El Valle del terror
El Valle del terror —Bueno, la entrevista se celebró ya oscurecido, pero recuerdo que la luz de la lámpara se proyectaba sobre mi cara.
—Naturalmente. ¿Y no se fijó usted en un cuadro colocado por encima de la cabeza del profesor?
—No son muchas las cosas que se me escapan, Holmes. Quizá lo haya aprendido de usted. SÃ, vi el cuadro, que representaba a una mujer joven con la cabeza apoyada en las manos, mirando de soslayo.
—Es un cuadro pintado por Jean Baptiste Greuze.
El inspector se esforzó por parecer interesado.
—Jean Baptiste Greuze —prosiguió Holmes, juntando las yemas de los dedos y apoyándose en el respaldo de su asiento— es un artista francés que floreció entre los años mil setecientos cincuenta a mil ochocientos. Me refiero, como es natural, a los años en que desarrolló sus actividades de artista La crÃtica moderna ha ratificado hasta con exceso la elevada opinión que de él tuvieron sus contemporáneos.
La mirada del inspector pareció ensimismarse, y dijo:
—¿No harÃamos mejor en…?
—Lo estamos haciendo —le interrumpió Holmes—. Todo esto que hablo tiene una relación directa y vital con lo que usted ha llamado el misterio de Birlstone. A decir verdad, y en cierto sentido, podrÃa decirse que es el centro mismo de ese misterio.