El Valle del terror
El Valle del terror —¡Está usted loco, hombre! ¿No está la región llena de policÃas y de detectives? ¿Y qué daño nos han hecho jamás?
—No, no; no se trata de un individuo del distrito. Como usted, dice, nosotros los conocemos a éstos, y poco es lo que pueden hacer. Pero ¿ha oÃdo usted hablar de Pinkerton?
—SÃ, he oÃdo hablar de algún individuo de ese nombre.
—Pues bien; créame si le digo que cuando su gente le sigue a uno la pista, cae sin remedio. No es una organización como esas del Gobierno que o se salen con la suya en el acto, o se olvidan inmediatamente del asunto. Son gente, que, si se meten en un negocio, lo hacen resueltamente y hasta conseguir el resultado sea como fuere, por las buenas o por las malas. Si un agente de los Pinkerton anda en este negocio, podemos darnos por perdidos.
—Tenemos que matarlo.
—¡Ya ve usted cómo es esa la primera idea que se le ha ocurrido! En esta misma forma se planteará en la logia. ¿No le dije yo que esto terminarÃa en asesinato?
—¿Y qué significa un asesinato? ¿No es una cosa corriente por aqu�