El Valle del terror
El Valle del terror «¿Cómo siguen por ahà los Camorreros? Los periódicos hablan mucho de ellos. De usted para mÃ, le diré que aguardo noticias suyas antes que pase mucho tiempo. Cinco grandes corporaciones y dos compañÃas de ferrocarril han tomado el asunto en sus manos con el más vivo interés. Se proponen arreglarlo, y puede usted apostar a que lo conseguirán. Se han metido en ello hasta los codos. Pinkerton se encargó del asunto. Por órdenes suyas y el mejor de sus hombres, Edwards el Pajarraco, han entrado en acción. Es preciso cortar inmediatamente la cosa».
—Y ahora lea usted la posdata.
«Naturalmente que esta noticia yo la he averiguado en mis funciones de operador, de modo que no pasa de ahÃ. La clave en que envÃa todos los dÃas sus mensajes es rarÃsima y no consigo descifrarla».
McMurdo permaneció algún tiempo sentado y en silencio con la carta en sus manos inquietas. La niebla se habÃa alzado por un instante y descubrÃa ante él un abismo.
—¿Ha hablado usted a alguien más de esto? —preguntó.
—A nadie más.
—Pero esta persona, su amigo, ¿conoce a alguien a quien es probable que escriba?
—SÃ, yo creo que conoce a una o dos personas más.