El Valle del terror
El Valle del terror —Pero no lo mataréis, ¿verdad?
—Amigo Morris, cuanto menos sepa usted, más tranquila estará su conciencia y mejor dormirá. No haga preguntas y deje que las cosas se arreglen por sà solas. El asunto está ya en mis manos.
Morris movió tristemente la cabeza al despedirse, y gimió:
—Me siento como si su sangre cayera sobre mis manos.
—Obrar en propia defensa no es asesinato —dijo McMurdo, son-riéndose ceñudamente—. La cuestión es esta: o él o nosotros. Creo que si permitiésemos que este hombre permaneciese mucho tiempo en el valle, acabarÃa con todos nosotros. Hermano Morris, vamos a tener que elegirlo gran maestro de la logia, porque con seguridad que usted la ha salvado.