El Valle del terror
El Valle del terror Sin embargo, la manera de conducirse McMurdo demostraba que miraba aquel entremetimiento con mayor seriedad de la que mostraban sus palabras. Quizá fuese su conciencia culpable; quizá, la fama de que gozaba la organización Pinkerton; quizá, la noticia de que unas corporaciones grandes y ricas se habían entregado a la tarea de acabar con los Camorreros; fuesen cuales fueren sus razones, obraba como hombre que se prepara a enfrentarse con lo peor. Antes de salir de casa destruyó todos los documentos que pudieran servir para acusarle. Hecho eso, dejó escapar un suspiro de satisfacción, pareciéndole que estaba ya a salvo; sin embargo, aún debía sentir la presión del peligro, porque, camino de la logia, se detuvo frente a la casa del viejo Shafter. Entrar en ella le estaba prohibido, pero cuando dio unos golpecitos en la ventana, Ettie salió a reunirse con él. La joven observó que había desaparecido del rostro de su enamorado la picardía irlandesa. Leyó en su seriedad la señal de peligro.
—¡Algo ha ocurrido! —exclamó—. ¡Oh Jack, tú estás en peligro!
—Sí, pero no es nada grave, corazón. Sin embargo, quizá conviniese que tomásemos alguna medida antes que las cosas empeoren.
—¡Tomar alguna medida!