El Valle del terror
El Valle del terror —En una ocasión te prometà que me marcharÃa de aquà algún dÃa. Esta noche he recibido noticias, malas noticias. Preveo dificultades.
—¿La PolicÃa acaso?
—Algo por el estilo, uno de los Pinkerton. Pero tú, acushla, ignoras seguramente lo que es esto y lo que supone para los hombres como yo. Estoy demasiado metido en este asunto y tengo que salir del mismo a escape. Tú me dijiste que, si me marchaba de aquÃ, vendrÃas conmigo.
—¡Ésa serÃa tu salvación, Jack!
—Ettie, yo soy en ciertos aspectos un hombre honrado. No serÃa capaz de dañar a un cabello de tu bondadosa cabeza por todo lo que el mundo pueda dar ni hacerse descender jamás ni siquiera un centÃmetro del trono de oro sobre el que yo te veo siempre encima de las nubes. ¿Tendrás fe en mÃ?
La joven puso su mano en la de McMurdo sin decir una palabra.
—Pues, entonces, escucha lo que voy a decirte y obra como yo te mando, porque no hay otro camino para nosotros. En este valle van a ocurrir cosas. Me lo dice el corazón. Muchos de nosotros tendrán que mirar por sà mismos. Yo, por lo menos. ¡Si yo me marcho, lo mismo si es de dÃa que si es noche, tendrás que venir conmigo!
—Iré detrás de ti, Jack.