El Valle del terror
El Valle del terror —Porque trabé conversación con él. En aquel instante estuve muy lejos de pensarlo, y no habrÃa vuelto a acordarme de ese hombre de no haber sido por esta carta, pero ahora estoy seguro de que es el hombre en cuestión. Tropecé con él en uno de los vagones del tren. Fue el miércoles, y… y yo iba para un asunto difÃcil si los hay. Me dijo que era periodista. Se lo creà entonces. QuerÃa enterarse de todo lo referente a los Camorreros y a lo que él calificaba de sus tropelÃas, para el periódico New York Press. Me hizo toda clase de preguntas para sacar algo con destino a su periódico. Ya pueden apostar a que no solté prenda. «Yo pagarÃa, y lo pagarÃa bien, a quien me proporcionase algún material que le conviniese a mi director», me dijo. Yo entonces le contesté lo que me pareció que a él le gustarÃa más, y él me pagó con un billete de veinte dólares por mis informes, y agregó: «Si usted me proporciona los datos que busco, le pagaré esa suma multiplicada por diez».
—¿Y qué fue, pues, lo que le dijiste?
—Todas las mentiras que se me ocurrieron de momento.
—¿Y cómo sabes que no era un periodista?
—Veréis. Se apeó en Hobson’s Patch, y lo mismo hice yo. Tuve casualmente que entrar en la oficina de Telégrafos, y él salÃa en ese momento.