El Valle del terror
El Valle del terror —«FÃjese —me dijo el telegrafista después que él se marchó—. Yo creo que esto se les deberÃa cobrar a doble tarifa». «En efecto» —le contesté—. Aquel hombre habÃa llenado la hoja del formulario con un texto que debÃa de ser chino, porque no se entendÃa una sola palabra. «Y nos larga todos los dÃas una hoja como ésta», me dijo el empleado. Yo le contesté: «SÃ, son noticias especiales para su periódico, y tiene miedo de que alguien se las pise». Eso es lo que en aquel momento pensábamos el telegrafista y yo, pero ahora pienso de muy distinta manera.
—¡Por vida de…, que creo que está en lo cierto! —exclamó McGinty—. ¿Y qué cree que deberÃamos hacer?
—¿Por qué no ir ahora mismo y liquidarlo? —apuntó alguien.
—SÃ, cuanto antes, mejor.
—Si supiese dónde podÃamos encontrarlo, yo saldrÃa sin perder un minuto —dijo McMurdo—. Vive en Hobson’s Patch, pero ignoro en qué casa. Sin embargo, tengo un plan, por si queréis seguir mi consejo.
—¿Cuál es?